 Hoy sugiero a mis pacientes que eviten ciertas actitudes viciosas en las que relacionen las manos con la boca. Actitudes que muchas veces (por no decir casi siempre) tiene el adicto a la comida. Por lo tanto, debemos poner en práctica lo siguiente:
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Existen varias decenas, por no decir cientos, de métodos para perder peso. Por supuesto que cada quien (incluido yo) grita a los cuatro vientos y hasta quedarse ronco que el suyo es el mejor y el más novedoso. Por supuesto, entre tanto griterío de propuestas, los más confundidos resultan ser quienes padecen del problema de obesidad. Este libro (piense y coma como flaco) no está diseñado para que usted pierda peso con velocidad, sino para que pierda peso de forma segura, saludable y, si usted quiere, sólo si usted así lo decide, permanentemente. Le ofrezco con la rapidez que su cuerpo permita, ni más ni menos. |
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Es verdad que tomar la decisión de iniciar y llevar un régimen en serio no es broma. Debemos convencernos con todas nuestras fuerzas de la necesidad de perder pero, sin postergar el inicio. Encontrará aquí varias excusas comunes que, por cierto, no debemos usar.
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Nosotros empezamos a engordar con la “civilización”, al aprender a cultivar la tierra y criar ganado, al descubrir la virtud del fuego y la posibilidad de cocer nuestros alimentos, al comenzar a comer más de una cosa por vez haciendo combinaciones no adecuadas. Engordamos más cuando descubrimos el azúcar refinada y caímos en su trampa.
Y engordamos más aún con la industrialización, al punto de que hoy ni siquiera nos levantamos del sillón, sino que usamos un control remoto para cambiar el canal del televisor mientras vemos un partido en el que otros están haciendo ejercicio y no nosotros. Eso si, “quemamos” algo de grasa al momento de saltar y gritar cuando nuestro equipo va ganando. Si va perdiendo no quemamos nada en lo absoluto. |
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