Métodos (buenos y malos) para perder peso PDF Imprimir E-mail

 

Existen varias decenas, por no decir cientos, de métodos para perder peso. Por supuesto que cada quien (incluido yo) grita a los cuatro vientos y hasta quedarse ronco que el suyo es el mejor y el más novedoso. Por supuesto, entre tanto griterío de propuestas, los más confundidos  resultan ser quienes padecen del problema de obesidad. Este libro (piense y coma como flaco) no está diseñado para que usted pierda peso con velocidad, sino para que pierda peso de forma segura, saludable y, si usted quiere, sólo si usted así lo decide, permanentemente. Le ofrezco con la rapidez que su cuerpo permita, ni más ni menos.

Nunca “acelero” la pérdida de peso de ningún paciente, aún eso signifique que él se sienta desalentado y decida no asistir más a mi consulta, jamás ofrezco rapidez sin seguridad. A pesar de todo, ¡las personas con sobrepeso muchas veces son capaces de sacrificar temerariamente seguridad por rapidez! Saben conscientemente que no deberían hacerlo, porque estarían atentando contra su salud pero hay una suerte de bichito que les “obliga” a hacer exactamente lo contrario.

 

Hay tantos métodos que no creo que haya un libro que los condense todos. Existen desde las dietas recomendadas por las amigas, hasta la cirugía de lipoescultura con el mejor cirujano plástico. Pasando, por supuesto, por toda una serie de programas, no todos tan saludables como aseguran ser. Tomamos pastillas, “cápsulas milagrosas”, infusiones de hierbas medicinales (como las que uso yo), nos untamos geles, cremas y lociones, usamos aparatos de electroestimulación, hacemos ejercicios (es bueno hacer ejercicio aunque a veces exageramos), vamos al sauna, nos hacemos colocar vendas y yesos, nos dejamos hacer masajes, utilizamos diuréticos y laxantes (a veces sin prescripción medica), nos hacemos inyectar sustancias químicas en el abdomen, hacemos ejercicio con unas fajas térmicas para sudar (¡las alergias en la piel que nos producen las benditas fajas!), nos hacemos colocar bandas en el estomago que impiden el paso normal de la comida y nos sometemos a cirugías de by-pass gástrico. En fin, nos dejamos llevar por casi cualquier método que nos sea presentado, sin que nos importe cuna seguro es.

 

En cuanto a las dietas, las hay de todo estilo, forma y color, depende tanto de la moda, como del carácter del dietista y de su humor al momento de idearla. Tenemos la dieta de los 13 días (no sé porque es de 13 y no de 14 ó 15 días), la dieta de las grasas (del doctor Atkins), la dieta Scarsdale, la Antidieta (¡que buen nombre, súper comercial!), la dieta del astronauta, la dieta de la clínica Mayo (que no la hicieron en esa famosa clínica, sino que sólo lleva su nombre), la dieta hindú, la dieta de la sopa quema grasa (¡que no quema nada, pero en fin!), la dieta ayurveda, la dieta thay, la dieta de la luna, la dieta antioxidante, la dieta de la manzana (también hay la del plátano, papaya, pera y cuanta otra fruta se le ocurra a algún “ingenioso” dietista), la dieta de los puntos, la dieta del gitano, la dieta quemakilos, las cien y media variantes de dietas vegetarianas y dietas verdes, la dieta de los Weight Watchers, la dieta francesa, la dieta mediterránea, la dieta South Beach, la dieta de Jenny Craig, la de Michel Montignac y el método del chino Lucho Pun (o sea el mío) y mil más.

 
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